umbral

15ª Bienal de Artes Mediales de Santiago

Cuestionario Umbral: Cristian Inostroza

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El artista y gestor cultural, habla de las dos esculturas que actualmente expone en el Museo Nacional de Bellas Artes, donde aborda y confronta la estetización de los acontecimientos de lucha y resistencia social, para dar paso a nuevas reflexiones en torno a la historia oficial y reciente de Chile.

Las propuestas del artista y gestor cultural Cristian Inostroza, se enuncian desde el paisaje periférico de Santiago y el imaginario de sus poblaciones, a través de una práctica multidisciplinaria que busca ser un ejercicio de memoria, y una herramienta estratégica para hacer aparecer reflexiones contemporáneas sobre el colonialismo al sur de América, las mitologías del Estado-nación y la resistencia popular.

En este cuestionario ahonda sobre las obras que expone actualmente en el Museo Nacional de Bellas Artes, bajo la curatoría de «Umbral», la 15 Bienal de Artes Mediales de Santiago.

¿Qué artefacto, lugar o elemento reconoces como un umbral?
Mis propuestas para esta bienal nacen desde la herida, el umbral por donde fluye el resentimiento acumulado de los pueblos de este territorio, donde poder pensar nuestras cicatrices en miras de una nueva realidad posible que se haga cargo de estos traumas sociales.

¿Con qué práctica científica te encuentras más a menudo en tu trabajo artístico o con cuál sientes mayor afinidad?
La historiografía, creo que es esencial debelar la memoria borroneada por la historia oficial de los vencedores a través del arte, hacer poesía con las hilachas que nos dejaron nuestros antepasados y dignificar las técnicas populares de resiliencia.

¿De qué forma la obra que presentarás en la 15 Bienal se vincula con la curatoría Umbral?
En «Cicatrices» las marcas que dejan las barricadas después de una jornada de protestas son cicatrices de ciudad, señales que han ido avanzando desde los barrios periféricos a los centros urbanos, dando cuenta de un pasado que estalla en el presente y un conflicto social abierto. El fuego carcome el asfalto, dejando grabadas en el piso las huellas del enfrentamiento y costras de materiales derretidos. Una de estas marcas fue encontrada en Plaza Dignidad en octubre de 2019, para ser fundida en bronce, monumentalizando los vestigios de la fricción del conflicto en una pieza única.

En «Txraripel», balines disparados por Carabineros de Chile para reprimir la revuelta del año 2019, son utilizados para confeccionar un txraripel o collar de perlas negras, convirtiéndose en una pieza de arte para el Museo Nacional de Bellas Artes. La pieza exhibe los vestigios de la violencia ejercida por el Estado, no sólo en el contexto del estallido social, sino en contra los pueblos originarios desde larga data.

Umbral busca crear espacios de reflexión sobre el proceso constitucional, abordando las temáticas ligadas al arte, cultura, ciencia y tecnología. En esta línea, ¿cuáles consideras son los puntos que sí o sí debiese considerar la nueva constitución?
La cultura como manifestación de lo común v/s las políticas públicas de la derecha y la concertación que insisten en entender la cultura como exterioridad, como algo que esta fuera de nosotros y que debemos obtener para civilizarnos.

Tras el estallido social ocurrido en Chile en octubre de 2019 y, posteriormente, la llegada del COVID-19 al país en marzo de 2020, hemos transitado por un umbral hacia una nueva forma de vivir en comunidad. ¿Cómo estos últimos dos años han resonado o afectado tu manera de pensar y hacer arte?
Durante los últimos años he experimentado un tránsito en mi trabajo desde la realización de instalaciones u objetos en espacios de exhibición, hacia intervenciones performativas individuales o acciones colectivas que responden a las dinámicas de comunidades o territorios. En ese tránsito, me he manifestado desde mi lugar de enunciación, las materialidades, las poéticas que se expresan en mi barrio citando las huellas de su historia, interpretando nuestra herida como champurria popular en contraste con el relato oficial colonial, haciendo aparecer un arte que lo desbarate, que se ubique en los bordes de su mitología, para pensarnos y visibilizar las verdades de su periferia.

He realizado múltiples estrategias para este fin, y en ese devenir, he ido abandonando la producción exclusiva de arte objetual, contemplativo, enmarcado, absoluto, por una producción artística cooperativa que acompañe los movimientos anticapitalistas y guardianes del Küme mogen. Por eso, durante los últimos años he realizado un viraje hacia una práctica político-artística que sea su retaguardia creativa, que construya desde los procesos que nuestros colectivos sostienen. Paradójicamente, en ese proceso de aprendizaje integral, emergen nuevas posibilidades en la creación personal a través de las técnicas que voy incorporando, reflexiones visuales que se traducen en resultados materiales y poéticos en un tiempo mal lento. Estos resultados los comparto transitando libremente por los espacios de exhibición simbólica que me parecen pertinentes, dependiendo de cada proceso y áreas en las que me desarrollo.

Estos modos de hacer, se conjugan el año 2011 con mi participación en el movimiento estudiantil por la defensa de la educación pública, esta experiencia fue trascendental para mi proceso como estudiante y artista, ampliando mis posibilidades de experimentación técnica y dándome vital experiencia creativa en el espacio público, todo esto reafirmado en el contexto de la revuelta popular de octubre del 2019. También quebró los preceptos que tenía del arte, poniendo en perspectiva crítica los contenidos académicos que me formaron, como también el concepto de cultura, comprendiéndolo como manifestación de lo común, y no como exterioridad, como algo que se tiene que alcanzar.

A propósito de lo anterior, ¿cuál es el rol del arte en un mundo en crisis?
Romper la endogamia y el elitismo del arte, siendo parte de las únicas potencias colectivas que nos han hecho pensar nuevos mundos posibles, los movimientos sociales.