umbral

15ª Bienal de Artes Mediales de Santiago

Cuestionario Umbral: Angie Saiz

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La artista actualmente presenta «Tregua» en Galería Metropolitana, espacio satélite de la 15 Bienal. Aquí, ahonda en este trabajo que consiste en una instalación inmersiva que aplica principios y técnicas de terapia neurológica para la superación y reprogramación de traumas.

A partir de esta semana, se puede visitar en Galería Metropolitana la exposición «Tregua» de Angie Saiz, una obra de sitio específico de grandes dimensiones, compuesta por una pieza audiovisual y una composición sonora binaural, como escenario de despeje y descanso para el visitante. Las piezas toman elementos de fenómenos climáticos como las auroras boreales, la meditación clásica y de la terapia EMDR -Eye Movement Desensitization and Reprocessing-, para crear un ambiente que invita a destraumatizar los miedos, temática recurrente de la artista que suele trabajar en torno a los conceptos de trauma, ruina y limbo.

“Tregua es una metáfora del limbo entre el caos del presente y la recuperación en la que pronto nos encontraremos”, explica Saiz, quien recientemente fue incluida dentro del libro «Mujeres artistas en Chile (2010-2020)”, editado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. “Es un espacio necesario de pausa y aclaración, en donde podemos intentar destraumatizar los miedos que nos han paralizado, pensar en el futuro y en cómo cimentar una nueva colectividad”.

¿Qué artefacto, lugar o elemento reconoces como un umbral? ¿Por qué?

La unión y binomio arte-vida como puente de conexión hacia otros posibles.

¿Con qué práctica científica te encuentras más a menudo en tu trabajo artístico o con cuál sientes mayor afinidad? ¿Por qué?

Neurológica, meditativa, sicológica: desarrollo mi trabajo a partir de investigaciones autobiográficas desde experiencias con terapias que indagan el comportamiento y tratamiento del trauma.

¿De qué forma la obra que presentarás en la 15 Bienal se vincula con la curatoría Umbral?

Tregua se plantea como la construcción de una suerte de espacio bisagra, de despeje y descanso, de  pausa y aclaración. Un espacio para intentar destraumatizar los miedos que nos han paralizado –y  sistematizado–, para pensar en cómo cimentar fuera de la depresión medicada individual una  nueva colectividad, un tiempo-lugar que no busca certezas acabadas, sino la posibilidad de percibir nuevos mundos posibles. La obra resulta ser una metáfora del espacio de limbo –acaso necesario– entre el caos y la recuperación en el que pronto nos encontraremos; un espacio vuelto escena a la espera de protagonistas que busquen construir esos nuevos mundos.

El proyecto propone la experiencia de obra como una puesta en escena para la narración propia, un espacio sin guión aún desde donde recomenzar y experimentar a partir de lo propio, lo íntimo, lo perdido y lo atesorado. Desde la amnesia del paisaje y la necesidad de uno atemporal, proponer la construcción de un espacio de fuga, un lugar que pareciera ser parte de otra realidad, una interior donde no hay más este escenario vacío donde actuar, libres y seguros, mientras todo se vuelve incierto; un espacio de resistencia al tiempo en tanto lo permanente ya no existe. Un espacio como posible hogar para un tiempo atemporal sin hogar, una puesta en escena inmersiva donde la experiencia de la expectación y escucha se transforma en la posibilidad de encontrarnos en otro lugar, de irnos fuera, lejos, allí donde lo real se vuelve cinematográficamente insólito y un nuevo mundo que explorar al mismo tiempo; el escenario posible de un inconsciente colectivo para mutar, revolucionar y hacer una tregua como umbral para otros futuros posibles. 

Umbral busca crear espacios de reflexión sobre el proceso constitucional, abordando las temáticas ligadas al arte, cultura, ciencia y tecnología. En esta línea, ¿cuáles consideras son los puntos que sí o sí debiese considerar la nueva constitución?

Debiera representar la diversidad cultural en que estas temáticas se desarrollan más allá de la élite en el arte, comprendiendo que existen y co-existen universos y dimensiones variadas que han quedado invisibilizadas en el pensamiento del espectáculo, industria y consumo cultural las últimas décadas.

Tras el estallido social ocurrido en Chile en octubre de 2019 y, posteriormente, la llegada del COVID-19 al país en marzo de 2020, hemos transitado por un umbral hacia una nueva forma de vivir en comunidad. ¿Cómo estos últimos dos años han resonado o afectado tu manera de pensar y hacer arte? 

Tras la pérdida de mi hogar días previos al estallido de 2019, tanto la crisis social, política y sanitaria luego en pandemia, transformó paradójicamente mi vida -y por tanto mi trabajo artístico- en nómade. Desde el espacio de trabajo -una maleta y decenas de hogares temporales hasta hoy- hasta la necesidad de configurar un nuevo modelo personal que, sin duda, se cruza con las diferentes comunidades en que me toca transitar. «Tregua» de alguna forma es un umbral que propone el espacio expositivo y la experiencia con el arte, como un nuevo posible hogar -en una metáfora para mí, como artista-, y al mismo tiempo, un espacio para alojar posibles futuros hogares, comunidades y relaciones, fuera de la vorágine de «pongámonos al día rápido» que el actual estado de hiper productividad impone.

A propósito de lo anterior, ¿cuál es el rol del arte en un mundo en crisis?

Imaginar posibles, abrir lecturas, señalar lo oculto, proponer nuevas construcciones, indagar en lo afectivo y sensibilizarnos en un contexto indolente, duro y desafectado.